Cómo acompañar sin hacer la tarea
Qué hacer y qué evitar cuando tu hijo se traba con la tarea: seis maneras de acompañar que no terminan con vos resolviendo el ejercicio.
Son las nueve de la noche, falta un ejercicio y tu hijo llora. Vos sabés cómo se hace. Y ahí aparece la tentación, que además es razonable: hacerlo y terminar con esto.
El problema no es que esté mal ayudar. Es que resolverlo no es ayudar.
Qué pasa cuando la tarea la hace la familia
Pasan tres cosas, ninguna evidente en el momento. La tarea deja de informarle al docente qué se entendió y qué no. El alumno aprende que trabarse se resuelve pidiendo, no pensando. Y la próxima vez el umbral para pedir es más bajo.
Nada de eso se ve esa noche. Se ve en el examen.
Seis maneras de acompañar que sí funcionan
- Preguntar qué pide el ejercicio, y esperar la respuesta completa. La mitad de los bloqueos se destraban ahí.
- Preguntar qué intentó, aunque haya sido un intento fallido. Poner en palabras el camino que no funcionó suele mostrar el que sí.
- Achicar el problema. "¿Y si fueran dos en vez de veinte?" El caso chico casi siempre se puede resolver solo.
- Dejar el error escrito. Que lo vea el docente. Un cuaderno impecable donde todo está bien no le dice nada a nadie.
- Poner un límite de tiempo. Veinte minutos trabado es suficiente. Después se corta, se anota la duda y se pregunta al día siguiente. Sostener la frustración dos horas no enseña, desgasta.
- Separar el acompañamiento del control. Sentarse al lado no es lo mismo que revisar. Si cada tarea termina en corrección, la tarea se vuelve un examen diario.
Cuándo conviene delegar
Cuando la tarea empezó a ocupar el vínculo. Si todas las tardes terminan en pelea, el costo ya no es escolar y no se arregla con más paciencia.
Ese es buena parte del sentido de un espacio de apoyo: que la casa vuelva a ser la casa. Podés ver cómo trabajamos o escribirnos para contarnos qué necesitás.
Y antes de decidirlo, cuándo conviene el apoyo escolar dice también cuándo no.